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Crisis de comunicación sentimental o mamparitis conyugal

mamparitis

“El virus de la mamparitis conyugal puede infectar a cualquier pareja que no cuide su comunicación verbal y afectiva”.

La palabra “mamparismo” se define como un estado de inestabilidad mental que puede suceder en determinados marinos cuando llevan largos periodos de tiempo sin tomar tierra y con una permanente convivencia dentro de un barco por motivos profesionales.

Este mismo fenómeno ha ocurrido después de la pandemia en determinados matrimonios. Después del confinamiento por COVID, en muchas parejas se ha quebrado la comunicación sana que antes tenían como matrimonio en su ámbito doméstico.

Este confinamiento ha producido un estado sentimental desequilibrado. Esto debido a la falta de espacio personal y exceso de espacio común en un entorno cerrado,  que, si anteriormente estaba dedicado a desconectar del trabajo y para comunicarse en pareja, durante el confinamiento se convirtió en oficina y lugar de trabajo. 

Siempre que en una pareja se intensifica la comunicación sentimental sin más comunicación con el exterior, la misma comunicación de la pareja se empobrece y se quema por estrés.

A los matrimonios que permanecen encerrados o que se encierran en sí mismos y que no tienen vida fuera les ocurre algo similar a aquellos marinos que permanecen encerrados dentro de un barco sin tocar tierra por un largo periodo de tiempo.

Es verdad que, en principio, para un matrimonio no hay manuales ni protocolos de trabajo como sí los hay entre los marinos. Sin embargo, igual que en los barcos, en un matrimonio sí hay líneas rojas que facilitan y  hacen más amable la convivencia. Las diferencias entre un caso y otro, entre un barco y un matrimonio, se encuentran en el nivel motivacional. 

Una de las motivaciones para no sobrepasar ciertas líneas rojas es por cuidar el buen espíritu de colaboración que se necesita para coordinarse mejor. Esto es común a la convivencia en un barco y a la convivencia matrimonial. 

Sin embargo, aun teniendo estos mismos objetivos, tanto la buena convivencia como el trabajar en equipo, la motivación con la que cuentan los matrimonios va mucho más allá de ganar un sueldo y unas dietas por estar fuera de su hogar, como es el caso de los marinos. 

Aquí no hay una transacción de bienes y servicios. Lo que mueve a las parejas es la mejora y complementación de su vida y su proyecto en común. Este debe estar basado no solo en el respeto, sino también en el cariño y confianza mutua.

Trabajar en un barco no les permite a las personas dejar nada al azar o a la intuición. Todo está protocolizado en tiempos, modos y personas. Y para ello no necesitan poner el corazón en su ejecución porque hay una estructura vertical que sustituye a posibles sentimientos.

En la vida matrimonial existen imprevistos, existe el azar, existen las corazonadas, existe la empatía y la asertividad. Pero, sobre todo, existe el amor que impregna cualquier circunstancia controlable o no controlable. Y todo ello es posible porque las parejas se manejan desde una sistema matrimonial horizontal y entre iguales.

Siendo muy buenas las normas y las disciplinas para cualquier trabajo y vida en equipo, una excesiva rigidez en el matrimonio puede llevarnos a perder vitalidad. Nos hace caer en el peligroso mundo del “acostumbramiento”, donde todo es predecible. Cuando esto ocurre la improvisación es un enemigo para la comunicación serena y tranquila. En estos casos, el asombro ante lo ocurrido es de carácter negativo. Una sorpresa buena nunca tiene espacio y lugar adecuado, no cabe en la vida de un matrimonio que se maneja por horarios, previsiones y todo tipo de preparativos para cualquier cosa.

Es en estos momentos donde el matrimonio corre un serio riesgo de caer en un estado mental de MAMPARITIS SENTIMENTAL. Es entonces cuando empieza a tomar posesión del hogar la irritación desproporcionada, los ruidos como una molestia, los diálogos como interrupciones inoportunas….

Mientras que en un barco no se tiene descanso alguno, sino que el tiempo está siempre cubierto por corre-turnos de cargos y personas, en un matrimonio hay que romper con la actividad sin descanso permanente. Llenar la vida matrimonial de rutinas que garantizan que todo funciona bien y que no incluyen tiempos de descanso para cada uno de los miembros de una pareja. Tiempos en lo que cada uno pueda estar sin hacer nada o desarrollando una actividad lúdica que le de autonomía personal. Entonces se produce entre ambos una inflamación ambiental muy tóxica ya que no se conceden ni tregua ni oxígeno en su vida matrimonial.

4 Consejos contra la MAMPARITIS CONYUGAL:
      1. Regalaos para los dos ESTAR FUERA de las paredes de vuestro hogar 24 horas completas que incluyan una noche (desde las 12 horas de un día a las 12 horas del día siguiente).
      2. Todas las semanas cada uno tiene que tener un mini-plan individual lúdico-cultural.
      3. Haced cada semana un plan juntos donde, de manera alternada, cada uno elija el plan que le guste y no el que le gusta al otro. Así, cada semana vais conociendo mejor lo que le gusta al otro.
      4. Si es posible, tratad de salir todos los meses a cenar, al cine, hacer una actividad o viajar con amigos comunes.

“Si empieza a molestarte hasta cómo coge el otro el vaso de agua mientras come”, es posible que esté entrando en vuestro matrimonio el terrible virus de “Mamparitis conyugal”. No se cura dejando pasar el tiempo, sino cambiando vuestras rutinas de seguridad.

También hablándolo o acudiendo a un especialista en terapia de pareja antes de que sea demasiado tarde.

Hace unos meses publiqué en el canal de Instagram un vídeo dedicado exclusivamente al mamparismo. Incluyo aquí el enlace por si queréis escucharlo o difundirlo entre personas a las que les pueda interesar.

 

 

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El efecto post COVID

covidHemos vivido y padecido los peores momentos de la pandemia y, cuando estamos a punto de salir,  un eco potente  nos devuelve  el pasado haciéndolo presente.

Si bien tenemos la suerte y no es poco, de que esta pandemia está remitiendo y bajando en gravedad, siendo honestos, no frivolizamos con la rebaja de su letalidad. Aún tenemos coletazos de este virus COVID 19.

 

¿Cuáles son?, aparte de los contagios que siguen existiendo en grandes números. Pues algo muy distinto al mero virus: el efecto post COVID.

El tema que desde Sophya acusamos no es este, sino el de las familias que acuden a nuestro Gabinete y sus consecuencias.  El efecto “post crisis COVID” no es de calle, ya que afecta a un ambiente más doméstico:

      • Nuestros adolescentes vienen acusando  una “post crisis de ansiedad” que debería haberse manifestado durante estos dos años y aflora hoy. Ahora que estamos plenamente incorporados en el trabajo, y en escuelas e institutos tenemos la libertad de usar o no la mascarilla, es cuando estamos tocando la realidad, los miedos, fobias y problemas no resueltos.
      • El adolescente vive con mayor o menor ansiedad la crisis normal de esa etapa evolutiva, con subidas y bajadas necesarias en su desarrollo. Y hasta aquí todo normal por ser un comportamiento adaptativo. Sin embargo muchas familias, saturadas por la gestión y medidas de protección externas, olvidaron que hay que filtrar la entrada en el ámbito de la familia. Son ellos mismos quienes conocen y saben llevar a sus hijos, cuidarles y traducirles las medidas político – sanitarias, de puertas adentro.

Muchas familias se vieron delegando forzosamente la educación en el control del Estado. Y no supieron ver que, mientras nos estaban sustituyendo la relación directa por la relación virtual,  se generaban otro tipo de problemas y frustraciones.  Las familias  no llegaron a tiempo de prever esto. Tal vez por el shock inducido desde el exceso de medidas de protección y control. También de leyes limitantes, multas, donde la desinformación y desconfianza permanente, presentaban a los demás como enemigos. No se conocía el efecto desestabilizador en el desarrollo emocional de los más vulnerables, quienes por su  momento evolutivo  necesitan referentes de autoridad y garantías de seguridades.

A los padres les ha faltado esa ayuda para el cuidado interno de sus hijos adolescentes que acusaban carencias en la relación con sus homólogos en edad. Y confiaban que todo se pasaría.

La familia, los padres han estado muy necesitados de apoyos para saber reorientar la educación afectiva de sus hijos, y gradualmente llevarlos a la normalidad: desde leyes de convivencia, tolerancia y límites educativos: horarios, encargos en la casa, juegos en familia, más conversaciones y más explicaciones.

Se están presentando comportamientos y conductas culpabilizadoras de padres a hijos, de hijos a padres, entre hermanos, provocadas por el modo de gestionar la crisis últimamente. Seguimos haciendo de rastreadores de un virus que favorablemente no tiene letalidad inicial.

No se trata de buscar el control de lo que no tenemos controlado, señalando culpables fuera. Porque eso nos lleva a conclusiones inciertas. Por mucho que nos auto convenzamos de ello, esto no nos permite avanzar en la educación de los hijos. Eso es lo que ha generado un aumento de las crisis de ansiedad y problemas en adolescentes como autolesiones, fobias y depresiones.

No hemos llegado tarde. Simplemente estamos a tiempo de ayudarles puesto que es ahora cuando están surgiendo peticiones de ayuda. Y es ahora cuando desde la objetividad podemos empezar a ponerle remedio.

 

Noemí Merchán Yuste
Coach de adolescentes
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La familia es el vínculo natural que nos conecta con la vida y con la muerte

muerte
Si algo tenemos claro las personas, es que todos nacemos para morir, todos tenemos fecha de nacimiento y tendremos fecha de fallecimiento.

La muerte nos llega a todos por igual, sin distinguir ni edad, ni raza, ni familia ni condiciones económicas.

Hay dos cosas que hacen de cada muerte algo muy personal y singular: por un lado, cada uno de nosotros somos personas únicas, irrepetibles e insustituibles tanto por nuestra forma de vivir como por nuestra forma de relacionarnos con nuestro entorno y, por otro lado, las circunstancias que nos rodean hasta nuestra muerte.

Todos nacemos queriendo vivir y, a lo largo de la vida, tenemos que prepararnos para una muerte “sana afectiva y emocionalmente hablando, aunque muramos por enfermedad”.

Es importante aceptar nuestra muerte y prepararnos saludablemente, desde el punto de vista tanto humano como espiritual, pues solo podemos “morirnos amando lo vivido o morirnos odiando la muerte o rebelándonos contra ella”.

Todos nacemos y crecemos habitualmente dentro de una familia con más o menos número de miembros. Mientras crecemos, cada miembro va diversificándose y formando otros núcleos familiares, independientes al de tu familia de origen.

En cualquier familia existen dos formas de relación entre iguales que son muy importantes para relacionarnos durante nuestra vida. Ambas nos ayudarán a seguir evolucionando con autonomía dentro y fuera de nuestra familia.

Tanto estos vínculos primarios horizontales, que se crean entre hermanos mientras crecen o, en la pareja, desde que forman una familia o un proyecto en común, como los vínculos primarios verticales que se generan entre padres e hijos, todos ellos darán lugar a que, ante el fallecimiento de uno de los miembros de la familia, se produzca una gran catarsis afectiva para el conjunto que formamos todos. 

No es lo mismo que fallezca un padre o un hijo, una madre o un hermano, que un amigo o un compañero de trabajo. Son vínculos diferentes y, como tal, sus muertes las viviremos cada uno de manera diferente.

Enterrar a un hijo no es lo predecible porque el ciclo natural de la vida nos lleva a enterrar primero a nuestros padres. En consecuencia, cuando muere un hijo antes que sus padres, tenga la edad que tenga, se produce un profundo desgarro.

Por otro lado, la muerte de un padre o una madre significa mucho para cada uno de los hijos. Porque esos padres van a dejar una huella en sus hijos que sobrevivirá a su muerte durante todos los años que sus hijos sigan viviendo. La influencia de esa huella puede llegar hasta los hijos de los hijos. Incluso sin que estos últimos hayan conocido personalmente a sus abuelos, pues pueden haber recibido el influjo de la trayectoria de sus abuelos a través de los padres. Conocer a los abuelos y ser conscientes de que mueren y aceptarlo es parte del desarrollo evolutivo de una persona dentro de su propia familia. Ver fotos de unos padres o unos abuelos que no has conocido porque fallecieron antes de que tuvieras consciencia, no es lo mismo que si has convivido y querido a tus padres o abuelos estrechamente.

La muerte de un hijo puede ocurrir nada más nacer, si su nacimiento era incompatible con la vida. Puede ocurrirle en su infancia o en su etapa adolescente, por accidente o enfermedad. O también puede ocurrir en su vida de adulto por los mismos motivos y antes que sus propios padres.

La muerte produce un desgarro enorme porque la muerte de un hijo, de un padre o de un familiar no se experimenta como algo bueno. Nadie está del todo preparado para dejar de seguir viviendo con esa persona a la que nos une la filiación familiar.

Para superar la muerte de un ser querido necesitamos pasar por un “duelo” a la medida de la persona, circunstancias y la cercanía que teníamos con ella.

Es normal sentir nostalgia durante mucho tiempo o incluso, de un modo indefinido, por su falta de presencia real. Los recuerdos nos hacen echar de menos a esa persona en fechas o lugares que significaban mucho para él y al rememorar anécdotas que nunca más volverán a repetirse.

Según como los vivamos y revivamos, los recuerdos no nos dejarán aceptar la muerte de esa persona, porque nos hacen mantener viva su memoria.

No es malo recordar así. Lo que es perjudicial es encerrarse en los recuerdos y pensar que la vida no sigue sin esa persona viva.

¿Cómo vivir después de la muerte de un ser querido?

La verdad es que, con cada muerte, la vida de los demás se altera y se reordena en el tiempo.

Cómo puedo superar la muerte de un ser querido:
  1. Aceptando que ya no está.
  2. Aceptando que ya no va a volver nunca.
  3. Aceptando que puede estar vivo en tu memoria.
  4. Aceptando que tú eres parte de aquel que se fue y que tienes que seguir adelante.
  5. Aceptando que puedas hablar de dicha persona sin nostalgia y sin apego tóxico a los recuerdos.
  6. Aceptando que, si tienes fe, esa persona te está esperando y que, mientras tú vives, él o ella puede seguir queriéndote y dándote fuerza desde el cielo.
  7. Aceptando también que existen personas que hicieron daño y que no debes manchar su memoria por ello, sino no tenerlas presentes en tus conversaciones.
“Si no puedes hablar bien de un ser querido, es mejor no hablar nada de él con nadie, porque no somos quien para juzgar a nadie y mucho menos si ya está muerto.
Si puedes hablar bien de un ser querido, cuenta cosas para que esté en la memoria del resto de la familia y hacer de una buena vida una vida ejemplar para otros”

 

 

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Cómo vivir en pareja y en familia con alguien con inestabilidad emocional

inestabilidadDetrás de un alto índice de fracasos matrimoniales, uno de los dos o los dos padecen conductas asociadas a una inestabilidad emocional. 

La convivencia íntima y cotidiana con personas que viven con una limitación emocional por inestabilidad provoca, entre otras cosas, un estrés que deriva en una permanente sensación de alerta entre la pareja y sus convivientes.

Las personas con inestabilidad emocional son personas sin habilidades sociales para tratar adecuadamente tanto con su pareja como para la relación con su entorno. No saben interpretar el lenguaje verbal y no verbal de los demás. Por esto, acaban emitiendo mensajes inadecuados o confusos. Su percepción es, en muchos casos, errónea y procede de una mala interpretación de lo que hacen o dicen demás.

Algunas de estas personas son así desde que son pequeños. Durante su crecimiento evolutivo, les faltó observación y aprendizaje para saber responder adecuadamente y con sabiduría natural a las demandas de comunicación procedentes de su entorno más próximo. Y, dado que reciben e interpretan mal la información, emiten mal su respuesta, lo cual, en la mayoría de los casos, lleva a la desesperación y al agotamiento de los que conviven o trabajan con dicha persona.

Con los años, estas personas llegan a sufrir con respecto a su entorno sentimientos de aislamiento o de rechazo social. Esto crea una evidente inestabilidad como producto de un aprendizaje reactivo automático que se fortalece cada vez que siente que la gente le rehúye o no comprende sus reacciones.

Si esto se produce en la intimidad de una pareja, ese rechazo no solo emocional sino también afectivo. Esto puede convertirle, además en una persona con una autoestima muy fragilizada, a expensas del momento o las circunstancias.

Esta afectación viene de lejos. Normalmente, no surge a raíz de tener una pareja. Probablemente, ya antes, esta persona ha tenido problemas de relación en la escuela, en el trabajo o con amigos ya adultos.

La falta del control de la ira ante una información que no sabe cómo gestionarla en positivo, le suele llevar a frustraciones y fracasos a nivel social, laboral y sentimental.

“Son personas que sufren y hacen sufrir a los demás, por su inestabilidad”

Son personas con alta sensibilidad a los comportamientos de los demás y suelen sobre-reaccionar como respuesta cuando se sienten mal con algo que les haya ocurrido y a lo que no han sabido dar una salida ni inteligente ni racional.

Los 5 rasgos más habituales de las personas con inestabilidad emocional son:
      1. Se toman las cosas como algo personal y se convierten en el eterno/a ofendido/a de manera desproporcionada. No caen en la cuenta de que el origen de la tensión puede estar en él/ella mismo/a.
      2. Son personas que se mueven mejor en las rutinas ya que los cambios o imprevistos le suelen afectar física y emocionalmente. Además, sus reacciones son muy impredecibles y casi siempre desproporcionadas a los hechos.
      3. Para estas personas no suele haber tiempo para la reflexión, ya que actúan de manera impulsiva. Cuando se dan cuenta de las consecuencias, que no es siempre de inmediato, intentan pedir perdón de manera muy poco empática y asertiva. Por esto, no suelen arreglar el choque que han producido tanto en tu pareja como en tus hijos y/o familia o en tu entorno social.
      4. La compulsión irreflexiva no solo queda reflejada en sus relaciones, sino que también se ve en la toma de diferentes decisiones que van desde la compra compulsiva o la venta innecesaria de algo.
      5. En su relación de pareja, pueden tratar al otro como alguien desconocido si no cuadra con sus planes. También pueden llegar a boicotear un plan si su pareja no está a su lado.
Los problemas más comunes que la persona inestable produce al tomar decisiones en pareja, con hijos u otros familiares y amigos:
      1. Pueden sentirse incapaces de hacer planes en pareja, fijar metas u objetivos familiares que se lleguen a cumplir, ya que la organización de dichos planes conlleva una serie de mini-decisiones y preparativos imprescindibles para llegar a los objetivos planeados. Es en este punto donde la persona inestable puede crear grandes conflictos y decepciones entre su pareja o los hijos.
      2. Si tu pareja es inestable (que no es lo mismo que despistado/a), puede que se le olvide una fecha, hacer una reserva o llevarse las llaves que se necesiten para que el plan funcione. En ocasiones, el plan puede no salir adelante por su falta organizativa y de memoria. En esos casos, buscan lavar su error culpando a otros y les cuesta mucho asumir su falta de compromiso real con un plan.
      3. Los conflictos se crean porque su falta de atención a los demás y de organización para planes con los demás no ocasional, sino sistemático. Se olvidan de celebraciones y eventos familiares, pago de facturas, tareas del hogar no realizadas o inacabadas.

“Fallarle a tu pareja va creando “falta de confianza, decepción e incluso que el otro/a se sienta infravalorado/a.”

Consejos para vivir en pareja con personas inestables que son, sin duda, personas complejas en su fuero interior y, por ello, dificultan la convivencia:
    1. Dar especial prioridad a una buena comunicación matrimonial.

Para ello, deben hablar menos de manera intensa y compulsiva y aprender a tener una mutua escucha positiva y un lenguaje asertivo para no hacerse mutuamente daño en las conversaciones. No deben entrar en juicios de valor, para facilitar la comprensión y la resolución de conflictos

“Hablar menos y escucharnos más y mejor”

    1. La persona de inestabilidad emocional debe valorar de manera especial a su pareja.

Si valoras a tu pareja por ser tu mejor compañera posible en tus carencias, debes tener de forma regular planes o citas con dicha persona y esforzarte en descubrir maneras de divertirte con ella, a pesar de tus carencias emocionales.

En el día a día, hay que trabajar en pareja el agradecimiento y la admiración mutua por las cosas que se hacen y salen adelante.

“Hay muchas formas de demostrar el aprecio en una relación conyugal que van desde detalles en el sofá, en la mesa o en la cama”.

    1. La persona inestable era ya así cuando la conociste o cuando empezaste a conocerla.

Y esa es la persona de la que te enamoraste, te comprometiste y te casaste y formaste una familia. Esta forma de interactuar contigo, no debiera ser una sorpresa, sino una conducta bastante instaurada o predecible en vuestra NOSOTROS.

Por esto, ante los conflictos o complicaciones, no es útil quejarse de estas carencias como un desequilibrio nuevo entre ambos, suelen ser conductas que ya se conocían y se aceptaron mutuamente  y se están intentando hacer compatible con una vida en pareja sana y saludable.

Hay historias de amor que, pudiendo terminar siendo incompatibles, si ambos se comprometen a trabajar juntos las carencias (diagnóstico completo de la inestabilidad, medicación, terapia, ejercicio, cursos de relajación), se puede vivir siendo compatibles entre los dos y con el resto de la familia.

Es preciso comprender y aceptar a la persona emocionalmente inestable con la que convives y te casaste. Comprenderle no consiste en negar su carencia o pensar que puedes cambiarle, sino en acompañarle en su proceso personal evitando que se produzcan malentendidos, errores de entendimiento, agresividad verbal, física o material contra sí mismo o contra el otro/a. En cuanto a los hijos, es preciso tener claro que son sagrados.

Es decir, no se les puede someter a una tensión vital por vuestra mala gestión en el trato en común.

inestabilidad

Este artículo ha sido redactado por Sara Pérez-Tomé, especialista en asesoramiento en pareja, familiar, personal y educativo.

Ofrecemos orientación y formación en Majadahonda, Málaga y online para padres, parejas, docentes y familias. Conoce más sobre nuestro trabajo en asesoramiento personal, orientación familiar, en pareja y formación especializada en Gabinete Sophya.

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Testimonio – Adicción a la pornografía

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pornografiaMe gustaría compartir contigo una parte de la historia de mi vida íntima, que desearía no haber pasado. Espero al menos que con mi escrito pueda ayudar a otras personas a salir del mismo agujero o a no llegar a entrar….  nunca daré por válida mi experiencia personal:

 

A partir de los 8 años, comencé a notar que veía a las mujeres de un modo distinto que antes, cuando era más pequeño.

Me atraían las revistas que había en mi casa… con algunos desnudos femeninos. Más adelante, también encontré por ahí alguna revista pornográfica y empecé a sentir la necesidad de ver ese tipo de revistas en las que aparecían ese tipo de mujeres.

A partir de los 15 años, descubrí la masturbación y, después de experimentar en solitario durante largos ratos, empecé a acompañar esta actividad íntima con algún material erótico que caía en mis manos… anuncios de lencería femenina, de perfumes etc.

Me convertí en un chico muy solitario, nada popular en el instituto. Pero seguía sintiendo una gran atracción por las mujeres y por el cuerpo femenino que veía en la calle, en la playa…

Fui creciendo y comencé a comprar yo mismo revistas con contenido erótico. Comprar estas revistas era para mí un ritual, quería encontrar la mejor, era como un juego de caza.

Luego, a solas, me entregaba a la búsqueda y elección de la mejor foto, me transportaba a un lugar donde no había soledad, tristeza ni problemas. Era como un sueño y todas esas chicas me sonreían. Buscaba de manera permanente el tiempo, que cada vez necesitaba con mayor frecuencia, para quedarme solo con mi “juego” favorito.

En la universidad, me eché novia y eso quedó olvidado. Sin embargo, en determinados momentos de aburrimiento, soledad, enfado, estrés, cansancio, o cuando tenía una temporada con sentimientos negativos por problemas en casa o con los estudios, recurría a mi automedicación para evadir mi sufrimiento: “consumir porno”. Después me sentía mal conmigo mismo, con mi secreto y  con mi material siempre escondido.

Llegó un día en que comencé a trabajar y me casé pero pasaba la semana solo, en un hotel. Allí, aparte de las llamadas a mi mujer, lo único bueno eran los ratos viendo y repasando mi material de porno almacenado.

Un par de años más tarde, mi situación no había mejorado. Pasaba muchas horas solo en casa y, como no había cultivado otros modos de diversión, pasaba muchas horas frente al ordenador, buscando la imagen perfecta o el vídeo perfecto, que culminaba en la masturbación.

Cada vez necesitaba aumentar la frecuencia y el tiempo de exposición a todo aquel contenido erótico. Se convirtió en una obsesión morbosa disfrazada de “pasatiempo”.

Empezó a traerme también consecuencias negativas externas a mí:

Sueño en el trabajo o falta de intimidad con mi esposa pues yo ya no estaba tan receptivo e involucrado.

Ante estas consecuencias tan negativas que no sólo me afectaban a mí, decidí intentar dejar ese mal llamado “entretenimiento de adultos” pero ya era tarde: me había hecho un adicto al consumo de pornografía y tenía que seguir mintiendo con mi “juego” sin poder evitarlo.

Sin haberme dado cuenta, el ver y buscar porno se había convertido en lo que más me gustaba hacer. Así, a pesar de mis intentos de dejarlo, experimentaba continuas recaídas.

Me hacía el firme propósito de no recaer (lo mejor para no recaer es descubrir por uno mismo que es más fácil ser fiel el 100% de las veces a tu pareja que solo el 99%). Así que tiré toda mi colección y me puse filtros a Internet. Aun así, ¡no fue suficiente!

Ya siendo más consciente de tu adicción, te sientes desesperado porque el problema te supera, no tienes el control y, además, no tienes otro modo de superarlo que recurriendo a lo de siempre. Lo intentas una y otra vez, sin éxito.

Hoy quiero deciros que: de esto se sale si estás acompañado. A la pornografía entras solo pero no se puede salir solo. Sales de ello si le das la mano a muchas personas que te pueden ayudar”

Si reconoces humildemente que tienes un problema social y de comportamiento personal, debes comunicarlo a un especialista que sepa y pueda ayudarte. En mi caso, acudí al equipo del Gabinete Sophya y confié mi problema a su directora, Sara Pérez-Tomé. A partir de ahí, empecé a dar pasos certeros hacia mi liberación…

A mí me ayudó el decírselo a mi mujer y, sobre todo, mi re-encuentro personal con la fe, que había tenido abandonada desde hacía mucho tiempo.

Tanto la ayuda espiritual como la psicológica, me ayudaron a salir de este gran mal en el que yo me había metido a escondidas y en solitario.

A veces, este problema es una consecuencia de otro anterior, cuyo origen es una personalidad ansiosa u obsesiva, con trastornos de déficit de atención e hiperactividad, TOC u otras adicciones… Por eso, es primordial un buen diagnóstico psicológico y, si es necesario, también un tratamiento farmacológico.

De este gran mal se sale, pero acompañado.

R.S.S.

Amigos y seguidores del Mundo de Sophya, casos como este nos llenan de orgullo. Salvamos a la persona y eso es siempre nuestro objetivo.

Detrás de una adicción a la pornografía, hay una persona sin voluntad ni autoestima que solo ve cuerpos y no mujeres en su día a día. Es un coleccionista de imágenes de mujeres que le atrapan en fantasías fuera de su mundo consciente.

La persona que consume pornografía tiene dos necesidades opuestas, de las cuales no puede liberarse por sí mismo:

  • La necesidad imperiosa de sentir cada vez mayores sensaciones.
  • La necesidad mental de huir de esa sobrecarga emocional tan tóxica.

Esto convierte a la persona en un fantasma, tanto en su vida laboral, como en su vida familiar, social y personal.

 

pornografía

 

Bibliografía:

 

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Contra el maltrato unisex

maltratoCuantos más hombres, mujeres y familias recibo en el Gabinete Sophya, más claro tengo que el maltrato es unisex.

El maltrato que los hombres ejercen sobre las mujeres suele ser diferente al maltrato que las mujeres ejercen sobre los hombres. Tan malo es el uno como el otro.

Ambos rompen el círculo de intimidad, confianza y equilibrio de poder que debe de haber entre hombres y mujeres.

Hombres y mujeres son rechazables cuando pegan o acosan al otro, o en la intimidad del hogar o en la calle, a solas o delante de sus amigos o hijos. Hay hombres que minusvaloran a sus mujeres, pero también hay mujeres que hacen lo mismo, convirtiendo al varón en una figura invisible, no valorado e humillado. En muchos casos, mientras son agredidos por su mujeres, se mantienen inmóviles; no las tocan ni para pararlas, por miedo a las consecuencias.

La agresividad física de la mujer hacia el hombre tiene ventajas legales, y algunas mujeres lo saben.

Una mujer que testimonia la agresividad o violencia de otro hombre puede contar con un cuerpo jurídico que le blinda. El hombre, en cambio, vive esta agresividad casi siempre en silencio porque sabe que, diga lo que diga, no cuenta con la ventaja de la mujer. En principio, no puede esperar que le crean y, en el mejor de los casos, pierde la presunción de inocencia después de una mala explicación de lo que le haya ocurrido.

En cuanto a los hijos, observo también que, una vez han nacido, estos maridos quedan ya amortizados por mujeres enamoradas de sus hijos.

Hay hombres que, por miedo a perder a sus hijos, se les chantajea y manipula y ellos callan, a la espera de que, en el futuro, sus hijos puedan entender lo que ahora en el presente les está pasando a su madre y a él.

Los matriarcados parecían un estilo familiar perteneciente a otros tiempos. Convivió con el patriarcado. Ambos modelos son anti-familia, aunque haya familias que han funcionado así toda la vida. Es una deformación absoluta de la complementariedad entre el varón y la mujer.

Ambos estilos familiares producen un gran dolor tanto en ellos como en ellas, dependiendo de quien sea el que domine y para qué. Hace tiempo, un amigo psiquiatra me dijo que, este tipo de dolor, por muy extremo que sea, puede hacer de pegamento para la pareja. El que sufre el maltrato y lo aguanta, lo hace porque desgraciadamente cree que recibe algún beneficio psicológico.

Este es el grave problema del maltrato. Se entra en un juego psicológico del que ninguno de ellos sabe salir porque queda atrapado en un beneficio psicológico “tóxico”: percibe como beneficioso lo que le está destruyendo.   

Este tipo de beneficio psicológico unisex, contaminado de miedo y de un vínculo servil con el otro (vínculo que no te deja decir adiós a la situación), provoca en hombres y mujeres una necesidad igualmente tóxica: se ven abocados a la búsqueda desesperada de un escondite y lo suelen encontrar en el alcohol o en el trabajo, en el sexo o en la pornografía.

Los hombres y las mujeres no son ni un animal de carga, ni un proveedor de placer, de hijos o de dinero.

Convivir con alguien cuya opinión nos importa, mientras haya paz y garantía de bienestar y consumo, es una conducta aprehendida de sus madres y abuelas /de sus padres y abuelos. Ellas y ellos lo vieron vivir así y vieron además como la otra parte lo consentía, según estuviéramos en un matriarcado o en un patriarcado. Frases tales como:

        • “Todos los hombres o las mujeres son iguales”
        • “Los hombres no sirven para nada, son las mujeres las que valen”
        • “Las mujeres no van a mandar, somos los hombres los que mandamos”

Hemos recibido una herencia envenenada por todos y para todos, que desvirtúa la auténtica complementariedad y el verdadero acoplamiento entre hombres y mujeres en el amor, el trabajo y el ocio.

Es una trampa ideológica decir que somos iguales o que las mujeres somos menos o más que los hombres.

Es preciso entender que la diversidad de los sexos se corresponde con una complementariedad entre hombres y mujeres, no con la competitividad. 

Así podríamos desterrar la herencia viciada del matriarcado y el patriarcado y reconstruir entre todos una sociedad más completa, con todo lo que cada parte pueda aportar.

 

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Coaching, terapia o tirar “palante”

coachingCuando la nueva rueda de la fuerza laboral evoluciona hacia la automatización, la tecnología y la digitalización, nos encontramos que allí donde se abren posibilidades para los jóvenes, parece que se cierran ante los séniors

– Hay 890.900 parados que no son millenials-.

La cifra total de desempleados en febrero del 2021  es de 964.353, en un mercado aún amortiguado por el efecto de los ERTE, que a cierre de enero del 2021 contaban con 738.969 personas.

Y en julio de 2021 teníamos el dato de paro más alto de Europa con 14,3%, del que un 35.1 %  es juvenil (www.datosmacro.expansion.com) y dos puntos por delante de Brasil y Colombia.

Nos hallamos bajo una atmósfera VUCA tal, que si no sabes para dónde tirar, casi es mejor que nos unamos al club de los “stand byers”, o del “que me quede como estoy” , “yo de aquí no me muevo, que es un empleo seguro“… porque sé que el riesgo de cambio profesional es aún mayor que el de quedarme en la empresa.

 

 Me quedo, porque cambiar es un riesgo que no me puedo permitir

Pero ¿Qué nos está pasando? Pues que salgo a diario con dolor de cabeza, el cortisol por las nubes y los nervios incoando un gimnasio.

Cuando te llega el caos, estás en un  ERTE, quieres  superar el stress y sobre todo ves que “cada vez somos menos en esta empresa”, necesitamos volver al origen y empezar por recuperar el amor perdido entre la desilusión.

 

Con especial cuidado con el síndrome del “yo puedo solito”. Conozco a muchos que no se dejan ayudar y siguen instalados en la queja victimizando su vida.  El remedio es presionar con humildad, para no ir solos, evitando así los engaños en esos puntos altos que son un falso positivo. 

Y, siguiendo con las preguntas: ¿Qué me está pasando ahora que decido quedarme y “tirar”?.  Que tengo que adaptarme a la nueva realidad, donde mi jefe o mi equipo no están siendo palanca, donde sus manías y las mías se han dimensionado. 

Y cuando la inmovilidad nos está matando ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo liderar y no abandonar?

Porque el gran aliado del liderazgo personal es ser inmune a las contrariedades y dificultades. Y con la sensación de inseguridad que amenaza a mi sistema inmune, he de tomar la medicina, la decisión sobre qué voy a hacer con mi propia vida en los próximos meses. ¡He de tomar una decisión!

Y si me quedo, vale la pena hacer un ejercicio de re enamorarme de mi trabajo,  de vuelta a las raíces de mi profesión.  Encontrar motivos para reciclarme, hacerme empleable y motivarme interiormente sin marcharme.

Necesito ayuda. Pero ¿Quién me ayuda? ¿Hago un Coaching o voy a Terapia?

Pues depende. Hay quien invierte en un master para aguantar motivacionalmente, otros deciden trabajar su branding personal como camino para identificar las posibilidades de su perfil, o acentúan la presencia en redes sociales. En cualquier caso la mejor opción siempre será la tuya, la que hayas elegido para crecer como profesional y como persona.

No olvides que un buen guía coach te puede llevar más rápido hacia tus objetivos, puede ser tu asesor personal para desarrollo de estas competencias o necesidades, para empezar a ver el mundo desde la posibilidad y no desde la carencia.  Para no ver la realidad como un pistolero, sino como alguien con quien puedo dialogar para entenderle y adaptarme mejor.

Con esa ayuda aprenderás:

        • La importancia de la resiliencia como gran ventaja competitiva, cómo buscar el equilibrio necesario.
        • A reconocer la identidad de tu talento por ti mismo, sabrás ver tu potencial y capacidades para tomar decisiones de futuro.
        • Que mereces respeto y valoración y estabas perdiendo la capacidad de mirarte como valioso y también apreciarlo en los otros.
        • Autoconfianza, que en gran medida te llega de  personas que consideras importantes y que reconocen tu valía, progresos y grandezas.

 

Un buen coach nos refuerza la autoestima profesional, mejorando la visión de nosotros mismos y de esta manera, dejamos de sentirnos inseguros en el entorno. 

Así al  ser más amigos de nosotros mismos,  ya no tenemos atrapado al  propio  yo y nos abrimos a los demás.

 

coaching

 

Noemí Merchán Yuste
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“Mamá y papá, tengo novio/a”

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novio

¿Es normal que los niños se enamoren alguna vez entre los 3 y los 13 años? Los niños/as  se enamoran como parte de su desarrollo afectivo.  Cada edad tiene su  tipo de “noviazgo”.

Hay hombres y mujeres de 40 años que tienen noviazgos como si tuvieran 3 años

¿No es verdad que, si vuestro niño/a de 3 años os viene diciendo que tiene novio/a, te hace mucha gracia, y que, por el contrario, si tu hijo/a de más de 12 años os dice lo mismo, deja de hacerte gracia y empieza a crearse una columna de humo entre vosotros y vuestro/a hijo/a?

Bienvenidos al mundo de la comunicación infantil y adolescente.

Tanto a los 3 como a los 13 años vuestro hijo ha decidido contaros cómo se siente y cómo está descubriendo una nueva forma de relacionarse fuera de su familia.

La niñez y de la adolescencia son procesos donde el gusto y el deseo de estar con el otro es la línea matricial y ello es necesario para cualquier desarrollo personal.

No se puede frivolizar sobre el hecho de tener o no tener novio porque, si no se encauza de manera adecuada desde el principio, pueden darse “daños colaterales”, algunas veces con una huella irreversible que tiene su origen en la infancia o la adolescencia.

A los 5 o 6 años empiezan a aparecer esos “falsos noviazgos”, que son los primeros enamoramientos donde la figura del amor a la madre empieza a no ser la única en el desarrollo del amor en los niños.

4 claves educativas:
NO HAY QUE SORPRENDERSE NI DARLE MÁS IMPORTANCIA DE LA QUE TIENE. AL DECIROS, “PAPÁ Y MAMÁ, TENGO  NOVIO/A”:
  • Vuestro niño/a no ha hecho otra cosa que imitar el lenguaje de los mayores.
  • Está socializándose, reconociendo a otros niños como diferentes a él y a su entorno familiar más próximo.
  • No existe para ellos ninguna connotación sexual ni genital. No le añadas tú esa connotación.
  • Ha empezado a sentir y a necesitar sentir la proximidad de otros, el deseo de agradar y la alegría de ser elegido para compartir compañía.

Lo que antes te hacía gracia, a partir de los 10 años empieza a inquietaros de tal forma que creéis que la mejor manera de sobrellevar la preocupación es diciéndoles:

“Hasta los 18 años olvídate de tener novios/as”

Detrás de esta frase hay más miedo e ignorancia educativa que sentido común.

Se entra fácilmente en la trampa de pensar que estamos educando pues lo prohibimos por su bien.

Es verdad que, hasta los 16 ó 17 años, los jóvenes no están buscando una relación más única y exclusiva que sus anteriores relaciones. Es a esta edad, a partir de los 16 ó 17 años, cuando son capaces de generar expectativas en sus relaciones.

Sin embargo, cuando los padres prohibimos cualquier referencia a un novio/a pensando que lo hacemos por su bien, ¿a qué bien os estáis refiriendo? ¿Al bien de no volver a hablar de ello hasta los 18 años, o a no querer saber ni volver a hablar de cómo se siente tu hijo cuando sale y va al colegio o con sus amigos?.

Parte de su socialización consiste en preocuparse de estar limpio y arreglado y de “gustar” a sus amigos en este sentido.

Esta “preocupación” por integrarse en un grupo a través de la indumentaria es parte del buen desarrollo de su identidad sexual y la de los demás.

En cuanto a la identidad sexual, estamos viviendo un momento histórico y cultural que invita a la ambigüedad, la individualidad y lo disruptivo.

Lejos de escandalizarnos, debemos bajar a la arena de lo que se está cociendo en la calle donde están vuestros hijos.

Hay que saber cómo y cuándo preguntar y esperar respuestas por parte de ellos, mucho más que gastarnos en eternos sermones. Es la única manera de invitarles a decirnos cómo se sienten y de verdad poder ayudarles. Sus palabras son certezas y evidencias, las tuyas son elucubraciones o teorías que no se sustentan si no escucháis primero a vuestro hijo/a.

Enseñar a los hijos a enamorarse “bien” es todo un aprendizaje, basado en el dar y recibir a través de una amistad sólidamente construida en el tiempo.

Si no aprenden a querer de verdad, no lograrán configurar bien su personalidad y no sabrán qué esperan de ellos mismos en un futuro.

La educación para el amor y no para el sexo es la estructura necesaria para que una persona pueda y sepa enamorarse. Sin entender lo que es amarse a uno mismo como a los demás, nunca podrá llegar a enamorarse con madurez.

Enamorarse es la suma de sentimientos de seguridad personal,  junto a  un coste bestial de las hormonas necesarias para que se dé la atracción y el deseo (oxitocina, serotonina, dopamina, norepinefrina), además de la amistad.

 

Si empezamos a aceptar cierto lenguaje afectivo desde los 3 años como este : “Mamá y papá, tengo novio”,  con naturalidad, habremos empezado nuestro master familiar sobre afectividad y estaremos ayudándoles a progresar en sus sentimientos de la forma más evolutiva y sana posible.

Si rechazamos este lenguaje y sus futuros lenguajes, se aferrarán más a sus errores de percepción y a sus enamoramientos idílicos.

Este rechazo, lejos de ser un aprendizaje, dejará a tu hijo sumergido en un túnel subterráneo por el que se deslizará hacia su vida de adulto en solitario.

 

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En Navidades menos es más

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navidadDesde hace años vivimos unas Navidades donde «más» es bueno y mejor

A mí me gustaría proponeros un nuevo horizonte para las Navidades.

Desde que la sociedad ha alcanzado un nivel óptimo de bienestar, la Navidad se ha convertido en una auténtica maratón de ostentosidad y consumo que, en algunos casos, llega a manifestar «mal gusto».

Me pregunto, ¿tan complicado sería darle la vuelta a esta mentalidad tan poco saludable para la protección de las personas y nuestro planeta?

Reinventemos la Navidad donde «menos» sea más y mejor

Propongamos entre todos los que estáis en el Mundo de Sophya 4 cambios de actitud:

 

    • Hacer menos fuera para contemplarnos mejor por dentro.
    • Comprar menos es disfrutar más y mejor de nosotros mismos.
    • Comer y beber menos es ser mejor.
    • Aparentar menos es ser más real y auténtico.

Pequeñas nuevas propuestas a incorporar a las Navidades para tener mejores actitudes:

    1. Ver caer la nieve.
    2. Oír música de villancicos.
    3. Leer cuentos de Navidad.
    4. Contemplar el fuego de una vela.
    5. Estar pendiente de que no haya luces encendidas que sean innecesarias.
    6. Cuida tu ropa para que puedas darle más uso.
    7. No tires ropa o papeles al suelo mientras haya papeleras o cubo de basura.
    8. Llena los recipientes hasta el borde y no dejes que rebose.
    9. Si alguien necesita que le acompañen en silencio, quédate a su lado.
    10. Si alguien necesita que le escuchen, favorece con cariño su monólogo.
    11. Procura que no sobre demasiada comida en la mesa y/o en la nevera.
    12. Los juguetes se usan y se recogen, no se rompen o dejan tirados.
    13. Bebe menos alcohol y más agua para cuidar tu cerebro y tu cuerpo.
    14. Tomar algo de dulce gratifica, tomar dulce en exceso produce enfermedades.

 

navidad

 

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¿Has hecho ya un reset post pandemia?

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pandemiaAntes de que termine el año, te invito a hacer una reflexión:

Estamos en medio de un cambio de era: la post pandemia y aún seguimos  enfrentándonos a una nueva realidad.

Este  cambio de era ha supuesto un nuevo modo de vivir el día a día.

Hoy hablamos claro de lo que a todos nos afecta:

Todavía no somos capaces de mantener la concentración en medio de las distracciones.  Estamos en el  “a mí ahora me cuesta mucho más leer”.

Las relaciones sociales han cobrado más protagonismo ahora que hemos redescubierto lo que vale vivir. Al tiempo que vamos aprendiendo a adaptarnos a la  norma de interacción basada en la demarcación de límites en pro de la  evitación de contagios o auto protección. Es un disfrutar de las conversaciones con restricciones físicas.

¿Tú aún crees que eso no te está dejando huella?

Ciertamente hemos aprendido a mirarnos más al fondo, a tener relaciones no tan basadas en la imagen -que se nos condona-, sino en la mirada que permanece.

¿No te resulta limitante no poder mirarnos al rostro completo? 

  • No, si somos lo suficientemente equilibrados para tomar la parte por el todo.
  • Sí, si nos autoimponemos la necesitad de la totalidad física. A la vez hemos aprendido a mirarnos ya no tan desde la superficie del  ‘buy me‘  por mi imagen. Eso ha sido evolutivo.

Ahora bien, no todos lo están viviendo de la misma forma y  hoy por hoy nos encontramos en consulta muchas personas con angustia y stress, yo diría desgaste emocional de la pandemia.

Nuestra recomendación, y disculpad por la expresión  es hacer una vomitera post pandemia. Si no lo has hecho ya te recomendamos reunirte con tus más íntimos amigos y hablar de lo aprendido, del dolor interno al que va siendo hora de poner nombre, los insomnios, los miedos pasados y temores futuros. Va pasando el tiempo y no aumentan los contagios de COVID tanto como las situaciones de estrés no reconocidas durante este tiempo de 2 años.  

pandemia

Estos pequeños síndromes de fatiga  se están solucionando  cuando dejándonos de tabús, los atajamos con una simple sesión de mindfulness para la concentración  en lo que podemos hacer con nuestras emociones y nuestro estado de salud. No es tanto llegar a un estado de satori’ donde nada nos afecte, como convivir en el estado de pandemia evitando que nos afecte demasiado. A mayor Inteligencia Emocional mejor vamos a responder ante las situaciones de estrés de adversidades diarias.  Hablemos claro entre iguales, que eso somos, y afrontaremos mejor este mundo post-pandemia con las herramientas de la Inteligencia Emocional.

Se habla de la Gran Resignación como la no aceptación o rechazo interior de lo real. Encontramos que la angustia se supera cuantas más cosas adversas aceptamos. Hablamos mucho en las Organizaciones empresariales de resiliencia para gestionar la vulnerabilidad. El secreto está en la capacidad de adaptarnos a situaciones difíciles.

Las líneas limítrofes del efecto mascarilla generan fatiga afectivo emocional. Llevemos con garbo esa limitación expresiva y planifiquemos también buenas reuniones en las que intercambiemos impresiones sobre estos fenómenos en la piel de cada uno y, estaremos ayudando a normalizar la salud psíquica de nuestro entorno.

Ya que hemos tenido que aprender demasiado rápido a adaptar nuestras necesidades a la crisis económica  y social, acusando cuadros de estrés en nuestros empleados, nos hemos de preguntar si sabemos que su origen está en la falta de descanso emocional que genera la pandemia. El modelo híbrido de teletrabajo no superior al 30%  de la jornada en tres meses, no más de tres días a la semana, nos están demostrando que genera alta satisfacción al empleado y mejora la visión de su salud emocional.

De nuevo, cuánto ayuda poner en práctica la atención plena como forma de autoconciencia y concentración.

 Necesitamos asistencia  que nos dirija a objetivar las cosas.

 

Noemí Merchán Yuste

Asesora de Talento

 

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