Cuando llegamos al final de la vida sin habernos conocido por dentro
A lo largo de mi experiencia acompañando a personas y familias, he comprobado una realidad que se repite con demasiada frecuencia:
Adultos muy preparados intelectual y profesionalmente, pero con enormes carencias emocionales, afectivas y morales.
Son personas altamente funcionales que saben hacer, producir y rendir… pero que les llega a bloquear profundamente la necesidad de sentir, vincular y mirarse por dentro.
El texto que os compartimos a continuación está escrito por Blanca Macías, profesional del mundo educativo y madre que pone palabras claras y valientes a esta reflexión tan necesaria para todos.
Es una invitación a repensar cómo estamos educando y, sobre todo, cómo debemos irnos autoeducando a lo largo de la vida, si queremos llegar al final del camino con la paz con nosotros mismos como una prioridad durante la vida.
Sara Pérez-Tomé
Educación emocional y autoconocimiento: la asignatura pendiente en nuestra sociedad
En las sociedades occidentales, el hombre y la mujer pasan décadas de su vida formándose. Sin embargo, siendo ancianos, en el ocaso de la existencia, muchos de ellos coinciden en preguntas similares:
“¿Quién soy? ¿Qué he hecho en mi vida? ¿De qué me arrepiento? ¿Por qué no he dicho más te amo?”
Desde hace años, fundamentalmente en la niñez, en la adolescencia, así como en la juventud e inicio de la vida adulta, el ser humano se dedica, sobre todo, a instruirse. En las escuelas infantiles primero y después en los colegios, centros de enseñanza secundaria y en universidades, los estudiantes deben aprender gran cantidad de conceptos, de conocimientos que, teóricamente, les van a ser útiles para su vida presente, pero, sobre todo, para la futura vida laboral.
Es decir, en las sociedades más avanzadas del planeta Tierra, cada individuo, la familia a la que pertenece, la comunidad y los estados, en última instancia, invierten ingentes cantidades de recursos materiales y humanos, destinados, sobre todo, a formar intelectualmente a la persona.
Si entendemos que el ser humano posee cinco aspectos fundamentales: plano físico, intelectual, afectivo, social y moral, se invierten recursos que promueven, en gran medida, solo uno de los aspectos de la persona, el intelectual, siendo relegados los otros.
Flaco favor se hace en la formación de los ciudadanos si se desatienden aspectos tan sumamente importantes como el físico, el afectivo, el social o el moral.
Qué duda cabe de que toda sociedad desarrollada necesita individuos adecuadamente formados intelectualmente y competentes laboralmente. Sin embargo, si esta preparación no está acompañada, de forma integral, de los otros aspectos, los cimientos de esa persona se habrán construido sobre una base débil. Ante el más mínimo revés vital, se producirán desajustes con cierta facilidad, interfiriendo este hecho en la salud global del individuo.
En definitiva, es frecuente encontrarse hoy en día en cualquier sociedad occidental, con adultos ampliamente formados, con enorme inmadurez, prácticamente infantiles, en esos aspectos que sustentan y aportan solidez a la persona: afectivos, sociales y morales.
Infancia y juventud están marcadas por dedicar excesivo tiempo y esfuerzo a memorizar materias para, posteriormente, plasmar esos conocimientos asimilados en el proceso de enseñanza-aprendizaje, en un examen evaluado por el profesorado.
Mientras tanto, el niño, el adolescente y el joven evolucionan hacia diferentes etapas sin conocerse en su esencia, como tampoco en cambios que se van produciendo como consecuencia del crecimiento de cada período madurativo.
Para que cada ser humano se conozca a sí mismo, existe una notable responsabilidad personal e individual. En la familia, padres y madres deben incidir en este importante aspecto. Los centros escolares, poseen una relevante misión, ya que el alumnado pasa en los mismos gran cantidad de horas, siendo maestros y profesores especialistas en desarrollo y conocedores de la Psicología Evolutiva.
Es necesario prestar atención a los cambios más notables, los físicos, así como a otros que quedan ocultos, los internos, de igual e incluso de mayor trascendencia que los primeros.
A los equipos de orientación escolar, a los psicólogos de centros de salud, así como a los profesionales consultados de forma privada, se acude cuando existe ya un problema instalado.
Este suele ser gestado a lo largo de los años en los que no se ha concebido el desarrollo de la persona de forma holística, considerando todas y cada una de sus facetas.
Llegar al final de la vida de forma saludable, feliz y en paz consigo mismo y con el entorno, es posible, e incluye cambiar el paradigma a nivel social. Esto se puede lograr en un ambiente de respeto y profundo amor y libertad, que deben acompañar las circunstancias vitales de cada persona.
Para prepararse para el final de la existencia de la forma más saludable posible, es necesario dedicar más tiempo y esfuerzo en cada etapa vital a conocerse, prestando especial atención a las sensaciones internas que percibimos en nuestro propio cuerpo.
Blanca Macías, psicopedagoga.
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