Cuando la violencia intra-conyugal te atrapa en tu almohada

Violencia intraconyugal, aborto y sus secuelas en el padre y la madre

Las relaciones intraconyugales constituyen el núcleo de la estabilidad familiar. Cuando se construyen sobre el respeto, la confianza y el apoyo mutuo, fortalecen el vínculo entre los cónyuges.

Sin embargo, cuando aparece la violencia —ya sea visible o silenciosa—, ese equilibrio comienza a deteriorarse.

La violencia intraconyugal no siempre se manifiesta mediante agresiones físicas. También puede expresarse a través de los celos constantes, la desconfianza, las humillaciones, la manipulación, las infidelidades o la incapacidad para afrontar juntos determinadas situaciones que dejan una profunda huella emocional.

Existen factores externos, como la intromisión de terceros, los celos o las sospechas permanentes, que pueden alimentar el conflicto.

También existen factores internos, relacionados con decisiones que afectan profundamente a la vida de la pareja, como las infidelidades o la interrupción voluntaria de un embarazo.

Cuando una pareja atraviesa un aborto provocado, muchas veces se instala un pacto de silencio que dificulta expresar el dolor, la culpa o las dudas.

Cada miembro lo vive de forma diferente, pero ambos pueden experimentar consecuencias emocionales que afectan a la comunicación, la intimidad y la capacidad de confiar plenamente el uno en el otro.

El hombre puede recordar durante años aquella decisión con sentimientos de pérdida o nostalgia. La mujer, por su parte, suele vivir la experiencia desde una implicación física y emocional más intensa, pudiendo aparecer sentimientos de culpa, tristeza, dificultad para aceptarse o incluso problemas en la relación con su pareja o con futuros hijos.

Cuando estas heridas permanecen ocultas, pueden traducirse en distanciamiento afectivo, rechazo de la intimidad, sobreprotección hacia otros hijos o una progresiva dificultad para expresar el cariño con naturalidad.

Intentar olvidar no siempre significa haber sanado. El silencio puede aliviar de forma temporal, pero no resuelve el conflicto interior. Las decisiones importantes que afectan a la vida familiar necesitan espacios de diálogo, comprensión y acompañamiento para evitar que el dolor termine erosionando el vínculo de pareja.

Toda forma de violencia, física o emocional, deja consecuencias. Por eso resulta fundamental proteger la comunicación, el respeto mutuo y la capacidad de afrontar juntos las dificultades, incluso cuando las circunstancias son especialmente complejas.

En definitiva, una relación de pareja se fortalece cuando ambos son capaces de compartir las cargas, asumir las decisiones conjuntamente y cuidar el vínculo afectivo por encima del miedo, la culpa o el silencio. Solo así puede mantenerse un proyecto de vida construido sobre el amor, la confianza y el compromiso mutuo.

Este artículo ha sido redactado por Sara Pérez-Tomé, especialista en asesoramiento en pareja, familiar, personal y educativo.

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Sara Pérez-Tomé
Sara Pérez-Tomé
Terapeuta conflictos familiares y de pareja. Curso de gestión y resolución de conflictos por la UNAV. Asesora familiar, curso para asesores y orientadores familiares por la UNAV. Moderadora conflictos hijos, curso de mediación familia por la UNAV. Coordinador Parental. Master en coordinación parental por UDIMA. Curso "Trastornos de personalidad" por la UNAV

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